La reconversión de locales comerciales en viviendas se ha convertido en una respuesta ineludible frente a la creciente demanda habitacional en España. Sobre todo en la Comunidad de Madrid, donde la presión de una población en crecimiento constante se enfrenta a un parque de viviendas que no crece al mismo ritmo. Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), se espera que la población en la región madrileña aumente hasta superar los ocho millones de habitantes en 2037, lo cual supone una demanda proyectada de medio millón de viviendas más que las actuales 2,7 millones.
Mientras que la creación de nuevos hogares avanza rápidamente, con alrededor de 57.000 nuevas unidades proyectadas en 2025, la oferta de vivienda nueva sigue siendo escasa. Los certificados de final de obra apenas alcanzan las 22.000 unidades, lo que tensiona aún más el mercado inmobiliario. La Asociación de Promotores Inmobiliarios de Madrid (Asprima) señala que serían necesarias 40.000 viviendas al año para equilibrar el mercado.
Ante esta situación, muchos propietarios han optado por transformar locales comerciales en viviendas, una tendencia que se ha visto potenciada en las grandes urbes como Madrid y Barcelona. Aunque estos cambios no siempre cumplen inicialmente con las normativas urbanísticas, las autoridades locales a menudo prefieren permitir estas conversiones antes de dejar que los locales permanezcan cerrados, incentivando así el aprovechamiento de espacios subutilizados.
El alquiler de bajos y semisótanos ha emergido como una opción viable para aquellos que no pueden asumir el coste elevado de alquileres estándar. Sin embargo, incluso estas alternativas han experimentado un alza en los precios, como se evidencia en Moratalaz, donde un bajo de 60 metros cuadrados puede alcanzar los 1.300 euros mensuales.
Asimismo, invertir en la conversión de locales resulta, según expertos como Gumper Asesores Inmobiliarios, un 50% más económico que adquirir una vivienda nueva. Esta práctica ofrece a los inversores pequeños buenas perspectivas de rentabilidad, en un contexto donde se requieren alrededor de 187.000 viviendas adicionales solo para satisfacer la demanda actual en la capital.
La reconversión de locales también se enfrenta a ciertos desafíos normativos. En Barcelona, por ejemplo, la política municipal busca preservar la diversidad de los barrios y limita la transformación de locales en viviendas, con solo 69 conversiones admitidas en 2023. Esta política responde a la necesidad de garantizar la habitabilidad y la diversidad comercial.
En este complejo escenario, la fiscalidad ha emergerido como una herramienta para incentivar las transformaciones. Los propietarios de locales convertidos en viviendas pueden beneficiarse de deducciones fiscales de hasta el 60% en su declaración de la renta, siempre que cumplan ciertos criterios, incluidos los relacionados con las obras de rehabilitación.
Con frecuencia, la solución estructural a la escasez habitacional se vislumbra en la disponibilidad de suelo para nuevas construcciones. Sin embargo, mientras se buscan alternativas sostenibles, la conversión de locales ofrece un alivio temporal a la creciente demanda de vivienda.
Fuente: Gestha