
Las intensas precipitaciones de este invierno han puesto a prueba la capacidad de regulación de los cauces en la Comunidad de Madrid. El pasado 10 de febrero, el caudal del río Lozoya alcanzó un promedio de casi 400 metros cúbicos por segundo, colocándose como el octavo mayor registro de la serie histórica. Sin embargo, gracias a la anticipación y gestión eficiente de la empresa pública Canal de Isabel II, el caudal fue controlado y reducido a 205 m3/s aguas abajo de las presas, tal como informó el consejero Novillo.
El papel crucial de las infraestructuras hidráulicas se hace evidente en momentos como estos. El Atazar, la mayor presa de la región y la última de las cinco que regulan el río Lozoya, actualmente descarga 50 m3/s a través de su desagüe intermedio. Estas maniobras son esenciales durante los días de lluvias intensas y deshielo para evitar posibles inundaciones.
Los embalses deben mantener un «volumen de resguardo», un espacio libre necesario para manejar las crecidas de los ríos con seguridad. La vigilancia de estas estructuras es constante: tanto física como tecnológica las 24 horas del día. Canal de Isabel II tiene Normas de Explotación para las 13 presas que abastecen la región, las cuales son consideradas infraestructuras estratégicas.
Estas normas definen los niveles de agua y protocolos de acción en situaciones normales y extraordinarias. Las revisiones obligatorias cada cinco años, recientemente actualizadas por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, aseguran su eficacia. Además, los embalses están equipados con tecnología avanzada que permite el mantenimiento predictivo, obteniendo casi 400,000 datos anuales sobre su comportamiento.
En la actualidad, más del 86% de la capacidad total de los embalses está ocupada. De las 13 presas, 10 están liberando agua para garantizar la seguridad hidrológica. Este proceso cumple una doble función: asegura el suministro de agua a la población y regula claramente el flujo de los ríos, minimizando el impacto potencial de súbitas crecidas que podrían afectar a personas, bienes y ecosistemas.
La coordinación con entidades como la Confederación Hidrográfica del Tajo y la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112 es clave. El control manual de válvulas por personal técnico especializado, unido a la comunicación constante, garantiza que las acciones necesarias se lleven a cabo con la celeridad requerida, proporcionando tranquilidad tanto a las autoridades como a la población.
