Una reciente investigación publicada en la revista Cambridge Archaeological Journal sugiere una nueva interpretación de las momias Chinchorro, destacando su valor como las «obras de arte funerario más antiguas del mundo». Esta teoría, liderada por el antropólogo Bernardo Arriaza de la Universidad de Tarapacá, introduce la noción de una «arqueología del duelo», enfocándose en cómo estas prácticas mortuorias trascendían la simple preservación de los cuerpos. Según Arriaza, los Chinchorro, una cultura precolombina del norte de Chile, se destacaron por procesos artesanales complejos que implicaban el uso de materiales como arcilla y pigmentos para reconstruir los cuerpos, proponiendo que este trabajo refleja una expresión de duelo social y comunitario.
El estudio resalta también un enfoque más humano hacia el tratamiento del cuerpo del difunto, evidenciando el vínculo emocional con la alta mortalidad infantil registrada en la región del desierto de Atacama. Arriaza enfatiza en la importancia de explorar las dimensiones emocionales dentro de antiguas prácticas culturales para ofrecer nuevas perspectivas sobre la arqueología de las emociones. Este trabajo, respaldado por instituciones como la Universidad de Tarapacá y asociaciones internacionales, subraya la necesidad de modelos interpretativos que consideren las complejas prácticas mortuorias de la antigua cultura Chinchorro, cuyo sistema de momificación ha sido reconocido como patrimonio de la humanidad por la Unesco en 2021.
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