Una nueva ofensiva rusa ha sacudido la ciudad ucraniana de Krivói Rog, resultando en la trágica muerte de nueve menores de edad y una decena de adultos. El ataque, ejecutado con un misil balístico Iskander-M equipado con una ojiva de racimo, ha dejado también más de 60 heridos, entre ellos muchos civiles. Las autoridades ucranianas, incluidas las locales y el mismo presidente Volodímir Zelenski, han subrayado el carácter civil de los blancos alcanzados, contraviniendo así la afirmación rusa de que se trató de una operación dirigida contra militares ucranianos e instructores extranjeros. Esto se ha evidenciado a través de la difusión de impactantes imágenes y testimonios desde el lugar del ataque, que muestran la brutal realidad vivida por los residentes, incluidos mensajes de familiares desesperados y el dramático relato de un policía que describió la escena como un «verdadero infierno».
La respuesta internacional al ataque ha variado, destacándose el papel de la embajadora estadounidense, Bridget Brink, quien expresó su lamento por el bombardeo, pero evitó señalar directamente a Rusia, un cambio notable vinculado a las recientes iniciativas de paz encabezadas por el presidente Donald Trump. Aunque Brink ha sido conocida por su postura crítica hacia las agresiones rusas desde el inicio de la invasión a gran escala, el nuevo enfoque diplomático de Estados Unidos parece haber influido en la forma de comunicar este tipo de incidentes. Esta situación ha sido criticada por el presidente Zelenski, quien cuestionó la fuerza del apoyo estadounidense en este contexto tan delicado, a la vez que recibió con positividad los gestos de solidaridad provenientes de otras instituciones europeas y diplomáticas.
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