En un contexto de marcada incertidumbre, la Secretaría de Hacienda de México revisa a la baja sus previsiones de crecimiento económico para 2025, situando la expansión del Producto Interno Bruto (PIB) en un rango de 1,5% a 2,3%. Esto representa un descenso respecto a las estimaciones previas. La ralentización en la actividad económica doméstica, manifestada en la debilidad en la inversión y el consumo privado, se agudiza por las tensiones internacionales, especialmente las incertidumbres en la política comercial de Estados Unidos, principal socio económico de México. En el corto plazo, la estrategia del Gobierno mexicano se centra en mejorar la eficiencia recaudatoria y promover el uso de tecnologías digitales para aumentar los ingresos fiscales, al tiempo que prioriza el gasto en programas sociales, infraestructura y transición energética.
Este ajuste económico se da en un escenario en el que Edgar Amador asume el liderazgo de la Secretaría de Hacienda, enfrentando el reto de gestionar un panorama financiero complejo. Con una depreciación proyectada del peso mexicano en el horizonte, se anticipa que el tipo de cambio cierre en 20 pesos por dólar en 2025. Al mismo tiempo, el Gobierno prevé un incremento tanto en los ingresos como en el gasto público, alcanzando adicionalmente un déficit fiscal de entre 3,9% y 4% del PIB. La producción petrolera se estima en 1,7 millones de barriles diarios, un nivel ligeramente inferior al previsto anteriormente. Paralelamente, la entrada en vigor de potenciales políticas arancelarias de EE. UU. podría significar ajustes adicionales en la estrategia económica del país y aumentar la presión sobre los 505.000 millones de dólares en exportaciones anuales hacia el mercado norteamericano.
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