En un reciente partido de fútbol prebenjamín en A Coruña, Raquel Fernández, una joven árbitra de 13 años, fue objeto de acoso e intimidación por parte de entrenadores y espectadores. A pesar de su identificación con un brazalete que indicaba su condición de menor, algunos adultos, incluidos los delegados de los equipos Victoria y Silva, cuestionaron sus decisiones con agresividad, generando un ambiente hostil que incluso influyó en los pequeños jugadores. La madre de Raquel, Esther Rey, denunció el incidente en redes sociales, lamentando la conducta intimidatoria. Ante la gravedad de lo sucedido, ambos clubes emitieron comunicados de disculpa, y el Comité de Competición sancionó ejemplarmente a los responsables, aplicando el máximo castigo previsto. La respuesta institucional subraya la intolerancia hacia la violencia verbal en los deportes infantiles, un problema que persiste en la región.
A pesar del momento angustiante, Raquel mostró una fortaleza admirable al volver a arbitrar un partido al día siguiente, respaldada por el coordinador arbitral y una ola de solidaridad. Su experiencia llegó a un punto culminante cuando leyó un manifiesto en contra de la violencia en eventos deportivos, en el estadio Riazor, antes de un partido profesional. En paralelo, Galicia lamenta la trágica muerte de un hombre de Sanxenxo, agredido durante un partido de balonmano, lo que ha aumentado el clamor contra la violencia en el deporte. La hija del fallecido ha expresado su indignación y dolor en una carta pública, mientras un juzgado investiga los hechos por homicidio imprudente. Este contexto de apoyo y tragedia ha fortalecido la convicción de Raquel y su pasión por el arbitraje, simbolizando la resistencia y valentía de quienes eligen involucrarse en el deporte en su apogeo.
Leer noticia completa en El Pais.