

Rapidus, la empresa japonesa nacida con la ambición de reposicionar a Japón en el mapa global de la fabricación avanzada de semiconductores, se encuentra en medio de un ajuste de expectativas. La compañía ha salido al paso de recientes informaciones que apuntaban a un supuesto inicio en la construcción de una fábrica de chips de 1,4 nanómetros y a la existencia de un calendario cerrado para su producción masiva. Rapidus ha subrayado que su enfoque inmediato está centrado en el desarrollo y producción de la primera generación de chips de 2 nm en Hokkaido; lo demás, dicen, pertenece a una visión a largo plazo.
Este comunicado llega en un contexto de intensa presión tecnológica y geopolítica. Japón ha implementado un ambicioso plan de apoyo económico a la industria de semiconductores, acumulando aproximadamente un billón de yenes destinados específicamente a Rapidus. En el horizonte, el país se plantea desembolsar hasta 65.000 millones de dólares en ayudas al ecosistema del chip hasta el año 2030, con el firme propósito de volver a jugar en la «Champions» de la manufactura avanzada.
Las especulaciones sobre una posible expansión hacia una segunda fábrica destinada a los 1,4 nm habían generado expectativas significativas. Sin embargo, Rapidus ha sido claro al desmentir cualquier inicio de construcción específica para ese nodo o la existencia de un «plan de producción» listo para ser anunciado. En la industria, alcanzar los 1,4 nm no solo simboliza competir con gigantes como TSMC o Samsung a nivel de 2 nm, sino también aventurarse en el siguiente escalón de la innovación tecnológica.
Fundada en agosto de 2022 como una colaboración de ocho líderes industriales de Japón, Rapidus cuenta con la misión de devolver al país su protagonismo en la producción de semiconductores avanzados. Para 2025, se planea lanzar una línea piloto en Chitose, con vistas a lograr la producción masiva de 2 nm hacia 2027. Este esfuerzo está siendo reforzado por colaboraciones estratégicas, incluyendo acuerdos con IBM para la transferencia tecnológica y con imec para la aceleración de procesos de nueva generación.
El proyecto Rapidus refleja una estrategia industrial más amplia de Japón, que durante los años 80 llegó a controlar aproximadamente el 50% del mercado mundial de semiconductores, un dominio que ha menguado significativamente. Con un plan de financiación pública que incluye a otras inversiones estratégicas como las fábricas de TSMC en Kumamoto, Japón busca recuperar su influencia en una industria crítica para sectores como el automóvil, la robótica y la electrónica de consumo.
Finalmente, aunque los 1,4 nm son un objetivo atractivo, Rapidus ha dejado claro que la prioridad es establecer una base sólida con los 2 nm. La conversación en torno a los 1,4 nm no es descartada, pero sí puesta en perspectiva, reconociendo que el verdadero reto es asegurar que la actual generación prospere. En un mundo donde los semiconductores avanzados son cruciales para la inteligencia artificial, la defensa y la economía digital, la capacidad de Japón para consolidar proyectos como Rapidus tendrá un impacto significativo en el equilibrio tecnológico global.
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