

La vuelta al trabajo tras un periodo vacacional prolongado se ha convertido en un reto para muchas personas, según advierte Quirón Prevención. Aproximadamente el 30% de los trabajadores experimentará el síndrome posvacacional, una condición que combina síntomas físicos y psicológicos que dificultan el regreso a la rutina laboral.
Este síndrome no discrimina por edad; también afecta a niños y adolescentes cuando regresan a las aulas tras las vacaciones. Los síntomas comunes incluyen fatiga, cambios en el apetito, somnolencia diurna y dolores musculares. En el plano emocional, es habitual encontrar apatía, irritabilidad y nerviosismo.
La doctora Marina Sangonzalo, de la Unidad de Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Valencia, señala que este malestar suele desaparecer en un plazo de 10 a 15 días. Si persiste, es recomendable consultar a un profesional para descartar otros problemas subyacentes.
Este fenómeno principalmente ocurre después de vacaciones prolongadas, como las estivales o navideñas. El cuerpo y la mente deben readaptarse rápidamente a los horarios, responsabilidades y niveles de actividad habituales, lo cual genera un impacto significativo.
Cada individuo enfrenta este proceso de manera única, según su capacidad de adaptación y recursos personales. Para facilitar la transición, la psicóloga Nuria Javaloyes, de Quirónsalud Torrevieja, recomienda métodos como restablecer gradualmente los horarios habituales, mantener espacios de ocio tras el regreso y no considerar las vacaciones como el único momento de bienestar del año.
En cifras, un 20% de los afectados supera los síntomas en 48 horas, mientras que un 35% requiere hasta dos semanas para adaptarse por completo. Si el malestar persiste, se aconseja buscar ayuda profesional.
Los expertos proponen estrategias prácticas para reducir el impacto del síndrome posvacacional. Entre ellas se encuentran preparar el regreso con días de antelación, ajustar los horarios de sueño, incluir actividades recreativas en la rutina postvacacional, evitar idealizar el periodo vacacional e iniciar proyectos nuevos que motiven.
Equilibrar descanso y actividad y planificar de forma realista son claves para una transición saludable. Asimismo, el mantenimiento de hábitos sanos y tiempo para el ocio y las relaciones personales a lo largo del año puede atenuar el choque entre vacaciones y rutina.
Finalmente, se insta a prestar atención a señales de alerta como tristeza persistente o pérdida significativa de motivación, ya que podrían requerir atención especializada. Mantenerse alerta ante estos síntomas y gestionar adecuadamente el regreso a la normalidad es esencial para el bienestar emocional y físico durante el cambio de estaciones.
