

Un reciente estudio realizado por investigadores de Alemania y Suiza ha puesto en evidencia que la personalidad de las personas no permanece inmutable durante toda la vida, especialmente en la vejez. Durante mucho tiempo, la creencia predominante sostenía que los rasgos psicológicos, una vez establecidos en etapas tempranas, se mantenían relativamente fijos, haciendo difícil que los adultos mayores pudieran modificar sus comportamientos o emociones de manera significativa. Sin embargo, los hallazgos actuales desafían esa idea y abren nuevas perspectivas sobre la capacidad de cambio en la adultez avanzada.
El trabajo consiste en un programa de entrenamiento socioemocional de ocho semanas que fue aplicado a un grupo de adultos mayores de 60 años, junto con un grupo de jóvenes en sus veinte. Ambos grupos participaron en sesiones semanales, donde se abordaron temas como la gestión del estrés, el manejo de las emociones, y la interacción social. Los resultados, publicados en la revista Communications Psychology, demostraron que los cambios en la personalidad, específicamente en niveles de estabilidad emocional y extraversión, fueron similares en ambos grupos, y que estas modificaciones persistieron incluso hasta un año después de la intervención.
Lo que resulta especialmente revelador es que los adultos mayores mostraron un compromiso ligeramente mayor con las tareas del programa en comparación con los jóvenes, lo que sugiere que la motivación puede ser un factor clave para el cambio psicológico en cualquier edad. La investigación también reveló que la magnitud del cambio en los mayores fue comparable a la de los jóvenes, una conclusión que rompe con la creencia tradicional de la rigidez de la personalidad en la vejez.
Expertas en el tema, como la doctora en Psicología Graciela Zarebski, directora del Instituto Iberoamericano de Ciencias del Envejecimiento, destacan que estos hallazgos abren la puerta a nuevas estrategias para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores. Zarebski indica que, más allá de su sorpresa inicial, la evidencia refuerza la idea de que las personas mayores mantienen la capacidad de aprender, adaptarse y reorganizarse “sin importar la edad”.
Otra de las claves que emerge de la investigación es que los mayores tendieron a profundizar más en las actividades de capacitación, mostrando una motivación superior en comparación con los jóvenes. Esto sugiere que cuando hay interés y compromiso, la plasticidad psicológica no solo está presente en la juventud, sino que puede mantenerse e incluso potenciarse en la tercera edad. La doctora Zarebski señala que, en muchos casos, factores como la motivación y la percepción del tiempo restante en la vida influyen considerablemente en la disposición de las personas para cambiar.
Desde la perspectiva teórica, la investigadora también hace referencia a la Teoría de la Selectividad Socioemocional de Carstensen, que plantea que, en la vejez, las personas priorizan las relaciones cercanas y la regulación emocional, en lugar de buscar nuevas conexiones o experiencias periféricas. Esto, en parte, explicaría por qué los adultos mayores tienden a descartar relaciones menos significativas y a concentrar sus esfuerzos en fortalecer los vínculos que realmente les aportan bienestar.
El estudio no solo muestra que los adultos mayores pueden modificar aspectos de su personalidad, sino que también resalta la importancia de la motivación en estos procesos. La conclusión es que, con los enfoques adecuados y desde una perspectiva motivacional, el envejecimiento puede ir acompañado de cambios positivos y duraderos. Además, estos resultados sugieren que las intervenciones personalizadas dirigidas a promover el bienestar emocional y social en la vejez no solo son viables, sino que pueden tener un profundo impacto en la calidad de vida de quienes alcanzan esa etapa.
A medida que las sociedades envejecen, comprender que la capacidad de cambiar y adaptarse no desaparece con la edad resulta fundamental para diseñar políticas y programas que acompañen el proceso de envejecimiento con inclusión y optimismo. La evidencia científica parece apoyar una visión más flexible y esperanzadora, donde la vejez no sea sinónimo de rigidez, sino de oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo.
