En los últimos seis meses, la compra y venta de viviendas usadas ha experimentado un significativo desplome, reflejado por un crecimiento de apenas el 3%, lo que representa un ritmo ocho veces menor al esperado. Esta desaceleración puede atribuirse, en parte, a que los extranjeros no residentes y los españoles de elevado poder adquisitivo, que previamente lideraban el mercado, han cesado sus adquisiciones, creando una aparente vacante en la dinámica de compra. Sin embargo, a pesar de este estancamiento en las transacciones, los precios de las viviendas continúan en una espiral ascendente, desafiando incluso las expectativas más prudentes y fijándose como una preocupación constante para futuros compradores.
Ante este escenario, se avizora un aumento en la dependencia de las hipotecas como medio para acceder a la vivienda, incrementando la presión sobre los potenciales propietarios que ya enfrentan costos inflacionarios en otros ámbitos. La falta de freno en el alza de los precios sugiere que el mercado inmobiliario español, a pesar de la reducción en la transferencia de propiedades usadas, seguirá siendo un terreno complejo tanto para nuevos inversores como para aquellos que buscan su primera vivienda. Esta situación requiere una atención particular de las políticas gubernamentales para evitar que la escalada de precios se convierta en un obstáculo insuperable para una buena parte de la población.
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