

En un giro importante para la comunidad médica y social, la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS) ha decidido modificar su postura sobre la realización de cirugías de transición de género en jóvenes. A partir de ahora, los expertos recomiendan retrasar estos procedimientos hasta que los pacientes tengan al menos 19 años, argumentando que no hay suficiente evidencia que garantice beneficios a largo plazo y que, además, existen riesgos y complicaciones que deben considerarse cuidadosamente.
La decisión ha generado un impacto significativo en un contexto donde la atención a personas transgénero jóvenes ha sido históricamente apoyada por varias organizaciones médicas en Estados Unidos. La postura del grupo, que en 2019 respaldaba la capacidad de estas intervenciones para mejorar la salud mental y el bienestar de los adolescentes con disforia de género, ha cambiado ante las evidencias más recientes. El análisis interno y las investigaciones actuales sugieren que no hay datos sólidos que permitan prever con certeza quiénes se beneficiarán y quiénes podrían experimentar resultados negativos.
El doctor Scot Glasberg, expresidente de la sociedad, explicó a medios que los estudios sobre resultados a largo plazo todavía son insuficientes y que sería prudente abstenerse de realizar cirugías en menores de edad, posponiéndolas hasta una edad más avanzada. «No hay datos concluyentes que indiquen cómo estos procedimientos afectarán a largo plazo, y es crucial adoptar un enfoque cauteloso», añadió.
Mientras tanto, la comunidad médica mayoritaria sigue apoyando tratamientos de afirmación de género para adolescentes, que abarcan desde bloqueadores de pubertad hasta terapias hormonales y, en casos extremos, intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, esta postura ahora se encuentra bajo un escrutinio cada vez mayor, en medio de un clima político que favorece medidas restrictivas. La administración de Estados Unidos ha expresado su respaldo a la nueva orientación, señalando que refuerza el reconocimiento de la biología y los aspectos científicos del género.
Este cambio también coincide con debates legales que lideran los gobiernos en varios estados. La administración anterior permitió y financió en ciertos casos procedimientos médicos para menores transgénero, pero con los cambios políticos en curso, varias jurisdicciones han implementado restricciones o incluso prohibiciones totales.
Expertos independientes, como Kinnon Ross MacKinnon, investigador en Toronto, sugieren que estas decisiones reflejan no solo preocupaciones médicas sino también una creciente tendencia hacia la intervención política en cuestiones que, en otras épocas, hubieran sido manejadas exclusivamente desde el ámbito clínico. La reciente sentencia en Estados Unidos, en la que un jurado consideró que una mastectomía realizada en una adolescente causó daños permanentes, pone en evidencia la complejidad legal y ética de estos procedimientos.
Por su parte, la Sociedad de Cirujanos Plásticos incidió en la necesidad de que los médicos asuman plenamente la responsabilidad por las decisiones que toman, explicando a los jóvenes y sus familias los riesgos asociados. La comunicación transparente, el reconocimiento de la incertidumbre y la evaluación de la madurez emocional del paciente se han convertido en elementos clave en las recomendaciones actuales.
En definitiva, el panorama en torno a la atención médica para adolescentes transgénero está en plena transformación. La comunidad médica busca equilibrar la necesidad de respeto por los derechos de los jóvenes con la obligación de proteger su salud a largo plazo, en un contexto marcado por debates sociales, políticos y legales que parecen aún lejos de llegar a un consenso.
