Durante la posesión de una nueva magistrada en el Consejo Superior de la Judicatura, el presidente colombiano Gustavo Petro expresó la incertidumbre sobre la continuidad de las negociaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Petro comparó el reciente atentado en Arauca, que dejó dos soldados muertos y 27 heridos, con el ataque de 2019 a la Escuela de Policía General Santander en Bogotá. Esta situación recuerda la ruptura anterior de las negociaciones tras un ataque similar. La reacción del senador Iván Cepeda y del ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, sugieren que el discurso presidencial podría ser un preludio al fin de las conversaciones de paz, señalando una posible ruptura oficializada en un anuncio próximo.
El ataque en Arauca acentúa la prolongada crisis en las negociaciones con el ELN, que se han mantenido congeladas desde mayo pasado debido a mutuas acusaciones de incumplimiento de acuerdos. Los recientes atentados, incluyendo múltiples voladuras de oleoductos y ataques a la Fuerza Pública, subrayan la falta de avances sustanciales pese a los esfuerzos del gobierno por mantener el diálogo abierto. La política de paz total del presidente Petro, uno de los pilares de su administración, enfrenta ahora uno de sus mayores desafíos. Las acciones del ELN y su falta de respuesta oficial al atentado más reciente podrían definir el futuro de este proceso, en un contexto donde el costo político de una ruptura es significativo para el Ejecutivo.
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