

La rápida adopción de la inteligencia artificial (IA) en España está generando transformaciones notables en diversos sectores económicos, así como planteando nuevos retos para la fuerza laboral. Pep Martorell, físico y doctor en informática especializado en supercomputación e IA, comparte su análisis sobre cómo las empresas españolas están integrando estas tecnologías y qué implicaciones tiene esto para los trabajadores y la economía en general.
Según Martorell, la implementación de la IA en las empresas españolas está todavía en fases tempranas, aunque ya se aprecian cambios significativos en determinados ámbitos. La productividad personal se ha visto favorecida por el uso masivo de herramientas de IA, que permiten a los trabajadores realizar tareas con mayor eficiencia, aunque estos avances no siempre se reflejan de inmediato en los resultados económicos de las empresas. Por otro lado, un sector que experimenta cambios acelerados es el de atención al cliente en ámbitos transaccionales. En estas tareas, las soluciones basadas en IA, especialmente las que operan con voz en tiempo real y pueden imitar múltiples idiomas, están revolucionando la forma en que las empresas gestionan sus relaciones con los clientes, automatizando procesos tradicionales y reduciendo costes.
No obstante, no todos los sectores están logrando incorporarse con la misma rapidez debido a regímenes regulatorios estrictos, como sucede en banca, aseguradoras, salud o la administración pública. En estos espacios, la complejidad de cumplir con la normativa y garantizar la seguridad de la información ralentiza la adopción de la IA, aunque el potencial de transformación sigue siendo alto. En España, si bien se realizan esfuerzos en el sector público, todavía existen obstáculos para un uso masivo y eficiente de estas tecnologías, como la necesidad de anonimizar datos en cumplimiento de leyes de transparencia, un proceso que ha avanzado mucho gracias a nuevas herramientas.
El impacto de la IA en las pymes, que tradicionalmente disponen de menos recursos que las grandes corporaciones, también está en camino de cambiar. Aunque en principio su penetración ha sido más limitada debido a la dificultad de inversión y estrategia, el mercado está empezando a ofrecer soluciones más accesibles. Martorell destaca que el acceso democratizado a la IA permite a estas pequeñas y medianas empresas competir en igualdad de condiciones con las multinacionales en ciertos ámbitos, como el análisis de oportunidades de inversión o la optimización de procesos internos. La tecnología está demostrando que no solo será un recurso exclusivo de las grandes empresas.
En el plano laboral, los cambios ya se evidencian en la percepción general de que la IA está desplazando tareas humanas. Martorell señala que «ya estamos viendo que la IA reemplaza tareas humanas en muchas áreas», impactando en la reducción de empleo en ciertos sectores y aumentando la productividad measurecida en porcentajes que oscilan entre el 10% y el 14%, con caídas en la ocupación que varían entre el 5% y el 8%. Sin embargo, también advierte que esta dinámica puede ser complementada si los trabajadores se preparan en nuevas competencias relacionadas con la tecnología, las soft skills (como liderazgo y resiliencia), y la capacidad de adaptarse al cambio constante.
El experto insiste en que no hay que centrarse únicamente en la protección del puesto de trabajo, sino en el desarrollo de habilidades individuales que permitan a los trabajadores mantenerse relevantes en un entorno digital y automatizado. La historia muestra que cada revolución tecnológica ha provocado destrucción de empleos, pero también ha generado nuevas oportunidades, y la clave será gestionar esta transición con visión de largo plazo.
Por otro lado, la dependencia en infraestructuras energéticas y tecnológicas nacionales sigue siendo un reto. La participación de Europa en la fabricación de semiconductores y la producción de energía es vital para reducir la dependencia de potencias como Estados Unidos y China. Martorell advierte que, a día de hoy, Europa todavía está en desventaja en estos aspectos cruciales, aunque en el corto plazo existen posibilidades de establecer gigafactorías en países como España que podrían contribuir a fortalecer la autonomía tecnológica.
Finalmente, el análisis del experto apunta a una cuestión fundamental: la regulación. En Europa, la nueva legislación sobre IA busca equilibrar la innovación con la protección de derechos y cumplimiento normativo, aunque algunos críticos consideran que aún presenta vacíos y que la regulación llega con cierto retraso respecto a la velocidad de los avances. En cuanto a la dependencia tecnológica, la preocupación por cómo reducir la vulnerabilidad frente a infraestructuras controladas por Estados Unidos o China es todavía relevante. La apuesta es por potenciar la investigación abierta, los modelos de código libre y reducir la huella energética y de chips en Europa y, en particular, en España.
La visión de Martorell concluye que el futuro de la IA en España dependerá en buena medida de la capacidad de las instituciones y las empresas para invertir en infraestructura, innovación y formación. La clave será gestionar la transición de manera que la tecnología sirva para potenciar a las personas, potenciar la competitividad y garantizar una economía sostenible y soberana en el contexto global.
