En la era digital en la que vivimos, cambiar de dispositivos electrónicos se ha convertido en una acción habitual. Sin embargo, este hábito cotidiano puede significar un gran riesgo para la privacidad si se desestiman las medidas adecuadas al deshacerse de estos aparatos. España, destacándose como uno de los países europeos que más basura electrónica genera, se enfrenta a un reto significativo en la gestión de estos residuos.
Los móviles, ordenadores y tablets albergan ingentes cantidades de datos sensibles, desde contraseñas y documentos personales hasta correos electrónicos y datos bancarios. Josep Albors, director de Investigación y Concienciación en ESET España, alerta de que borrar los archivos no basta, ya que un profesional capacitado podría recuperar estos datos, incluso desde discos duros dañados. Los riesgos se amplifican si el uso del dispositivo estaba ligado al contexto profesional, especialmente en tiempos de teletrabajo, donde el acceso a sistemas empresariales es común.
Para evitar estos peligros, ESET ofrece pasos esenciales que garantizan un desecho seguro de los dispositivos. El primer paso implica realizar una copia de seguridad de toda la información crítica, seguida de cerrar todas las sesiones activas en el dispositivo. La desactivación de licencias de software es vital para poder transferirlas al nuevo equipo. Asimismo, se recomienda extraer tarjetas SIM y SD para prevenir accesos indeseados.
Más aún, los usuarios deben restablecer el dispositivo a su configuración de fábrica, aunque esto por sí solo no asegura la eliminación completa de los datos. Es aquí donde entran en juego herramientas especializadas como Disk Wipe o Active KillDisk, que proporcionan una eliminación segura de la información. Incluso, para máxima seguridad, ESET sugiere la destrucción física del disco duro, aunque este paso es opcional.
Una vez asegurada la eliminación de datos, la última tarea es desechar el dispositivo de manera responsable. España cuenta con puntos limpios y establecimientos especializados en la recogida de residuos electrónicos. Según la normativa local, arrojar estos aparatos en la basura convencional está prohibido y puede resultar en sanciones. Desecharlos adecuadamente no solo protege la privacidad individual, sino que también contribuye a mitigar el impacto medioambiental mediante el fomento del reciclaje y la economía circular.
En conclusión, renovar un dispositivo tecnológico lleva consigo el deber de proteger la información personal y colaborar en la gestión responsable del e-waste. Al tomar estas precauciones, se da un paso firme hacia la preservación de la privacidad personal y la sostenibilidad ambiental, un compromiso ineludible en el mundo digital actual.