

Elegir mal el color de una pared es fácil, y suele notarse solo cuando ya está seco el segundo mano. Más allá de acertar según la orientación de la vivienda, hay una serie de errores que se repiten en la mayoría de las reformas domésticas.
El primero es elegir el color solo mirando el bote o la pantalla del móvil. Un mismo tono cambia radicalmente según la luz de cada estancia, así que conviene probar una muestra directamente en la pared, a distintas horas del día, antes de comprar los botes grandes.
El segundo error es ignorar el efecto óptico del color sobre el tamaño del espacio. Los tonos oscuros reducen visualmente una habitación pequeña, mientras que los claros la amplifican. En estancias reducidas, como pasillos o baños sin ventana, los colores muy saturados suelen jugar en contra.
Otro fallo común es no tener en cuenta el mobiliario y los textiles que ya existen en la casa. Pintar una pared de un color que choca con el sofá, las cortinas o el suelo obliga después a cambiar más cosas de las previstas. Lo más práctico es partir de los elementos que no se van a mover y elegir la pintura en función de ellos, no al revés.
También es habitual olvidarse del acabado: mate, satén o brillante no son solo una cuestión estética. El acabado mate disimula mejor las imperfecciones del muro, pero aguanta peor la limpieza, algo a valorar en cocinas o pasillos de paso frecuente donde conviene un acabado más resistente.
Por último, muchas reformas fallan al pintar toda la casa del mismo color sin pensar en la transición entre estancias. Un tono continuo puede funcionar en espacios diafanos, pero en viviendas con habitaciones bien diferenciadas suele dar mejor resultado variar la paleta según el uso de cada espacio, manteniendo algún color o material de conexión entre ellas para que el conjunto no quede descuadrado.
Porque la luz natural y artificial de cada estancia altera cómo se percibe un mismo tono; por eso conviene probarlo en la propia pared antes de pintar toda la superficie.
Los tonos claros, mientras que los oscuros y muy saturados tienden a reducir la sensación de espacio.
Un acabado satén o semibrillante, más resistente a la limpieza que el mate, adecuado para zonas de paso frecuente o con salpicaduras.
Depende de la distribución: en espacios diafanos puede funcionar, pero en viviendas con habitaciones bien diferenciadas suele dar mejor resultado variar la paleta según el uso de cada espacio.
Fuente: Mi Revista.
