
El Gobierno de Pakistán ha intensificado su conflicto con Afganistán tras bombardear Kabul en la madrugada del viernes, marcando un nuevo capítulo de hostilidades entre ambos países desde la recuperación del poder por los talibanes. La ofensiva paquistaní ha sido justificada por su portavoz de medios extranjeros, quien afirmó que se dirigía a «objetivos militares» en varias provincias afganas, mientras que el principal portavoz talibán confirmó los ataques pero sostuvo no haber registrado víctimas. La situación en la frontera ha escalado, con ambos lados lanzando operaciones de represalia y reportando altas cifras de bajas entre sus fuerzas.
El ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, denunció que la paciencia de su país se ha agotado, declarando que se encuentran en una «guerra abierta» con Afganistán y acusó a los talibanes de convertirse en representantes de India. Mientras Pakistán informa de la destrucción de 27 puestos afganos y 133 muertes entre los talibanes, el Gobierno talibán asegura haber neutralizado a 55 soldados paquistaníes en su ofensiva. Este aumento en la violencia se produce en un contexto de creciente tensión, donde cada país se responsabiliza mutuamente por la presencia de grupos insurgentes y las violaciones a la soberanía nacional.
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