Oracle, una de las gigantes tecnológicas más prominentes, ha experimentado una montaña rusa en el mercado bursátil en los últimos 40 días. Tras haber alcanzado un máximo histórico de 345 dólares por acción el pasado 9 de octubre, gracias a su fuerte incursión en el sector de la inteligencia artificial y la nube, sus acciones han caído más de un 35%, situándose en torno a los 218 dólares. Esta drástica corrección ha mermado su capitalización bursátil en más de 350.000 millones de dólares, aunque, desde el inicio del año, todavía muestra una revalorización de un 30%. La rápida expansión de Oracle en IA, impulsada por un significativo endeudamiento, ha despertado dudas en Wall Street, especialmente mientras las grandes tecnológicas revisan sus patrones de gasto y preparan una inversión conjunta de 400.000 millones de dólares para el presente año.
Frente a la caída de sus acciones, Oracle ha demostrado un fuerte compromiso con el avance tecnológico, prometiendo inversiones millonarias en el desarrollo de chips y centros de datos, principalmente para mejorar la capacidad de OpenAI. La compañía no ha dudado en lanzarse al mercado de deuda, cerrando una reciente emisión de bonos por 18.000 millones de dólares, incrementando su deuda viva a 104.000 millones. Esta agresiva estrategia financiera ha provocado que algunos bancos de inversión, como Barclays, no descarten una potencial rebaja en su calificación crediticia. Mientras tanto, Oracle sigue confiando en su modelo de negocio innovador, con miras a crecer en el mercado de infraestructuras de la nube, siendo un pilar clave en proyectos estratégicos apoyados por la Administración Trump. Con una reestructuración reciente en su cúpula directiva y optimistas previsiones a largo plazo, los próximos resultados trimestrales, esperados para diciembre, serán cruciales para determinar su rumbo en el competitivo mundo de la tecnología.
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