Fuerzas estadounidenses y sus aliados han ejecutado un ataque de gran magnitud contra objetivos del Estado Islámico en Siria, en una operación denominada «Golpe del Halcón». Esta ofensiva, que se activó por orden del presidente Donald Trump, se presenta como una represalia directa por un atentado cometido por ISIS el 13 de diciembre en Palmira, donde murieron dos soldados estadounidenses y un intérprete civil. Tal acción subraya el compromiso estadounidense de responder rotundamente a cualquier daño a sus tropas, reforzando su presencia con cerca de mil efectivos en el país árabe para asegurar que el grupo radical no resurja.
La operación sigue a otra intervención, «Resolución Absoluta», llevada a cabo en Venezuela, destacando la postura decidida de Washington contra amenazas globales a su seguridad. Asimismo, coincide con un acercamiento diplomático sin precedentes entre Estados Unidos y Siria después de que el presidente sirio, Ahmed Al Shara, visitara Washington, sellando un acuerdo de cooperación política contra el Estado Islámico. Esta colaboración ha visto a las fuerzas sirias y estadounidenses compartir esfuerzos en la lucha contra el terrorismo, en un contexto en el que las fuerzas de la coalición, a veces junto con tropas sirias, han realizado ataques aéreos y terrestres para desmantelar células yihadistas activas.
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