El este de la República Democrática del Congo se encuentra nuevamente en el centro de un conflicto que cada día adquiere dimensiones más preocupantes. Desde enero, la región ha sido testigo de un renacer de los enfrentamientos armados, impulso que ha generado el desplazamiento de cientos de miles de personas y ha exacerbado una crisis humanitaria de proporciones alarmantes. Este sombrío panorama fue presentado recientemente por Bintou Keita, representante especial de la ONU, ante el Consejo de Seguridad.
Durante su intervención, Keita puso en relieve el avance de grupos armados como la Alianza Río Congo (AFC) y el Movimiento 23 de Marzo (M23), destacando su apoyo por parte de Rwanda. Este respaldo ha intensificado los niveles de inseguridad, obligando a muchos congoleños a abandonar sus hogares en busca de refugio. Frente a esta crisis, Keita hizo un llamado urgente al Consejo de Seguridad, instándolo a centrar sus esfuerzos en conseguir un alto el fuego incondicional.
La Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUSCO) ha mostrado disposición para seguir colaborando con las iniciativas regionales en curso y utilizar todos sus recursos para implementar un cese al fuego. Sin embargo, pese a las gestiones de la Unión Africana y otras organizaciones, aún no se ha logrado un acuerdo concreto. Keita subrayó la necesidad de que todas las partes implicadas cumplan sus compromisos y busquen activamente una salida pacífica al conflicto.
Además, la representante especial agradeció las gestiones del presidente angoleño, João Lourenço, en su intento por mediar un diálogo entre la República Democrática del Congo y Rwanda, solicitando a su vez la pronta designación de un mediador de la Unión Africana para coordinar estos esfuerzos bajo las pautas fijadas en encuentros previos.
La situación se complica aún más con la expansión de M23 y AFC desde Kivu del Norte y del Sur hacia otras provincias como Tshopo y Maniema, donde han establecido estructuras administrativas paralelas. A esto se suma la presencia del grupo armado Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), que ha aprovechado la inestabilidad para llevar a cabo ataques mortales contra los civiles.
El conflicto está intrínsecamente ligado a la explotación ilegal de recursos naturales en la región, un factor que, según Keita, intensifica la violencia y agrava las condiciones de vida de los pobladores. En este entorno hostil, la MONUSCO continúa su misión de protección de civiles, aunque enfrenta restricciones significativas en estas zonas dominadas por el M23.
Las conversaciones sobre la retirada de MONUSCO, programada tras su salida de Kivu del Sur en junio de 2024, están igualmente afectadas por la situación actual de inseguridad en Kivu del Norte e Ituri, complicando los planes de transición.
Desde el frente humanitario, la situación es cada vez más crítica. Datos recientes de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) revelan que aproximadamente 28 millones de personas padecen hambre aguda, un incremento notable desde la intensificación del conflicto. De esta cifra, unos 3,9 millones enfrentan condiciones de emergencia alimentaria, lo que representa un desafío apremiante para la comunidad internacional y sus esfuerzos humanitarios.
El marco actual de la República Democrática del Congo es desolador y exige con urgencia acciones concretas de paz y cooperación internacional para aliviar el sufrimiento humano y restaurar la estabilidad en la región.