

En el marco del GTC Washington en octubre de 2025, NVIDIA reveló su innovador Vera Rubin Superchip, destacando un paso crucial en la computación de inteligencia artificial tras su predecesor Blackwell. Durante la presentación, el CEO Jensen Huang mostró una potente placa que combina dos GPUs Rubin con una CPU Vera, contando con 88 núcleos Arm y 176 hilos, todos conectados mediante NVLink-C2C a 1,8 TB/s. Además, el sistema incluye memoria rápida LPDDR alcanzando 2 TB y HBM4 en cada GPU, prometiendo un significativo avance en rendimiento y capacidad.
La hoja de ruta de NVIDIA indica que las primeras unidades de Rubin ya están en pruebas y la producción en masa comenzará a finales de 2026, alineándose con el lanzamiento paralelo del Blackwell Ultra (GB300). Asimismo, la empresa presentó las configuraciones de referencia NVL144 en 2026 y Rubin Ultra NVL576 en 2027, que prometen mejoras sustanciales en computación, memoria y redes respecto a la generación Blackwell.
El Vera Rubin Superchip representa un enfoque innovador de NVIDIA al integrar CPU y GPU en un mismo superchip, permitiendo una interconexión de alta velocidad y maximizando el ancho de banda durante el entrenamiento e inferencia. Este chip, que coordina las GPUs Rubin de manera eficiente, está orientado a servir como un motor potente para aplicaciones de inteligencia artificial generativa a gran escala.
El NVL144, previsto para la segunda mitad de 2026, promete 3,6 exaflops de rendimiento FP4, mientras que el Rubin Ultra NVL576 de 2027 buscará elevar esta capacidad a 15 exaflops. Con cada GPU soportando cuatro chiplets de tamaño considerable y 1 TB de HBM4e, NVIDIA aspira a superar significativamente los rendimientos establecidos por la plataforma GB300.
La producción en volumen de Rubin está programada para finales de 2026, dependiendo en gran medida de la disponibilidad de HBM4 y la validación de la plataforma. La transición a HBM4e implicará nuevos desafíos en cuanto a materiales y ensamblaje, requiriendo una estrecha colaboración con socios como TSMC.
En términos de riesgos, NVIDIA reconoce que los objetivos presentados son metas, sujetos a ajustes a medida que la tecnología HBM4 y los chiplets de Rubin maduren. Lo que queda claro es la estrategia a largo plazo de NVIDIA: un aumento en la capacidad de memoria, el ancho de banda y la densidad por rack, optimizando la conectividad CPU-GPU para afrontar las crecientes demandas de la próxima generación de computación en inteligencia artificial.
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