En el transcurso de la actual ofensiva militar de Israel y Estados Unidos contra Irán, el Ejército israelí ha informado del asesinato de nueve altos líderes del régimen iraní, que incluye al influyente ayatolá Alí Jamenei. Los ataques, que Israel califica de «golpes demoledores», tienen como objetivo a las figuras más poderosas del gobierno iraní, con la intención de castigar a los responsables de la represión de las recientes protestas antigubernamentales en enero y facilitar, según las autoridades israelíes, un nuevo levantamiento interno contra el régimen de Teherán. Entre los altos mandos que han sido abatidos se encuentran Alí Larijani, jefe de Seguridad Nacional; Gholamreza Soleimani, responsable de la milicia paramilitar Basij; y Ali Shamjani, secretario del Consejo de Seguridad, entre otros.
La estrategia de estos ataques destaca la intención de desmantelar la cúpula del poder iraní de manera coordinada, como fue el caso de la eliminación de Jamenei en el primer día de la ofensiva, lo que desencadenó una escalada en el conflicto. Este golpe es visto como un choque significativo en la estructura de poder de Irán, generando un vacío que podría tener repercusiones en la política interna y en las tensiones en la región. Irán ha enfrentado fuertes sanciones y presiones internacionales, y ahora, este nuevo contexto bélico complica aún más su situación política, mientras las autoridades de Teherán intentan reorganizar su mando y frenar cualquier estallido social en medio de la inestabilidad.
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