Nasry Asfura ha sido proclamado presidente electo de Honduras en un contexto electoral sumamente disputado y controvertido. La estrecha diferencia frente a su principal rival, Salvador Nasralla, que obtuvo un 39,5% de los votos en comparación con el 40,2% de Asfura, ha mantenido al país en tensión desde los comicios del 30 de noviembre. El proceso de escrutinio ha sido criticado por su lentitud y supuestas irregularidades, además de la división interna en el Consejo Nacional Electoral (CNE), que culminó en un veredicto que no logró consenso unánime. La intervención del expresidente estadounidense Donald Trump, quien expresó su apoyo al candidato conservador, añadió un ingrediente más a la alta polarización política del país centroamericano.
El anuncio oficial se dio bajo la presión de observadores internacionales y la reiterada demanda de Estados Unidos por un proceso oportuno y transparente. Mientras tanto, Salvador Nasralla y sus simpatizantes denunciaron supuestos fraudes y señalaban irregularidades, exigiendo que se revisaran más de 10,000 urnas. Dentro del CNE, la tensión fue evidente: Marlon Ochoa, representante del partido Libre, tildó de «golpe de Estado Electoral» la proclamación de Asfura y se opuso públicamente al anuncio de sus colegas del CNE. En respuesta a las acusaciones, Cossette López, consejera del Partido Nacional, enfatizó la necesidad de proteger el proceso electoral y validó la decisión de proclamar un ganador. Con un país dividido, el camino de Asfura hacia el mando no llega sin desafíos y con hondureños demandando estabilidad y transparencia en un marco de incertidumbre política.
Leer noticia completa en El Pais.
