
En un análisis exhaustivo del accidente en Adamuz, el periodista Nacho Abad puso en evidencia las decisiones tomadas antes de la obra que pudieron haber comprometido la seguridad de los pasajeros. Según su investigación, se reutilizó balasto viejo en la vía, lo que genera serias dudas sobre la estabilidad de la infraestructura. Abad no escatimó en señalar que, en una clara priorización de lo económico sobre la seguridad, el ministerio dirigido por Óscar Puente optó por esta práctica, a pesar de las advertencias de las empresas sobre el alto costo y los problemas de suministro del balasto nuevo.
Además, Abad subrayó que las traviesas en el punto kilométrico 318 no fueron reemplazadas durante las obras, lo que contradice la narrativa oficial de una renovación completa de la línea Madrid-Sevilla. Destacó también que, aunque el protocolo de Adif exige inspecciones más rigurosas tras las obras, solo se llevó a cabo una revisión con ultrasonidos de la vía en septiembre, sugiriendo que el mantenimiento no se realizó con la frecuencia necesaria. Este conjunto de irregularidades plantea serias interrogantes sobre la responsabilidad y la gestión de la seguridad ferroviaria en España.
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