Este sábado se espera una ola de más de 1.400 protestas en todo Estados Unidos bajo el lema «¡Manos fuera!», dirigidas contra el presidente Donald Trump y el empresario Elon Musk. Las manifestaciones, organizadas por un movimiento pro democracia, denuncian lo que consideran una «toma del poder hostil» y un ataque a los derechos y libertades de los ciudadanos estadounidenses. La convocatoria se extiende a las capitales de los 50 estados, ocupando espacios tan emblemáticos como los edificios federales, Capitolios estatales, sedes de la Seguridad Social, parques y ayuntamientos. A pesar del clima adverso, grandes multitudes se han presentado en ciudades como Atlanta, Boston, Washington y Filadelfia, mostrando un descontento creciente que ha trascendido las fronteras estadounidenses, en parte impulsado por recientes anuncios de aranceles por parte de Trump.
El contexto político en el que surgen estas movilizaciones es complejo. El Partido Demócrata, aún sin un líder sólido tras la derrota electoral de Kamala Harris, enfrenta divisiones internas marcadas por la aprobación de una propuesta republicana con apoyo de 10 demócratas, evidenciando la falta de cohesión en la resistencia a Trump. Sin embargo, recientes giras de figuras como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez han revitalizado la oposición. Las demandas de los manifestantes incluyen el cese de la «toma de control multimillonaria» de la administración Trump, el fin a los recortes de fondos federales clave y un alto a los ataques a inmigrantes y comunidades vulnerables. Con elecciones primarias en ciernes y Trump enfrentando litigios legales, este movimiento podría significar el inicio de un frente unificado en contra de la agenda republicana, destacando la presencia de grupos como Third Act, Indivisible y MoveOn.
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