
Cuatro años han transcurrido desde la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania, una situación que ha sumido al país en una crisis humanitaria sin precedentes, afectando de manera particular a las mujeres. El conflicto ha dejado cicatrices profundas en la infraestructura y en las vidas cotidianas de millones de personas, exacerbadas por la falta de electricidad y calefacción. En un contexto donde las temperaturas invernales son implacables, las mujeres ucranianas se enfrentan a desafíos cada vez más insostenibles.
En una conferencia de prensa en Ginebra, Sofia Calltorp, responsable de Acción Humanitaria de ONU Mujeres, puso en relieve el sufrimiento de las familias ucranianas que luchan por mantener condiciones mínimas de vida. El colapso de más del 65 % de la infraestructura eléctrica del país no es solo un problema técnico; tiene efectos devastadores sobre la seguridad y el bienestar económico de las mujeres. La falta de alumbrado público y el transporte paralizado aumentan la vulnerabilidad al acoso y accidentes, complicando aún más la movilidad y la seguridad de la población femenina.
Irina, una madre ucraniana, narró cómo las dificultades cotidianas se han convertido en la nueva norma. Obligada a refugiarse en una tienda climatizada, se enfrenta a la imposibilidad de enviar a sus hijos a la escuela y a la pérdida de ingresos esenciales para su supervivencia. Desde el inicio del conflicto en febrero de 2022, más de 5,000 mujeres y niñas han perdido la vida, siendo 2025 el año con mayor mortandad para este grupo.
Las mujeres continúan siendo un sostén crucial para la sociedad ucraniana. Las organizaciones lideradas por mujeres desempeñan un papel vital en la respuesta humanitaria, ofreciendo apoyo psicosocial y asistencia de emergencia. Sin embargo, estas organizaciones enfrentan un futuro incierto debido a la escasez de financiamiento, poniendo en riesgo la prestación de servicios esenciales a miles de mujeres. Sabine Freizer Gunes, representante de ONU Mujeres en Ucrania, advirtió sobre las potenciales pérdidas significativas en su capacidad operativa, lo cual podría restringir el acceso a servicios vitales.
Jaime Wah, subjefa de la delegación de la Cruz Roja en Ucrania, destacó que los cortes de electricidad incrementan la vulnerabilidad de las personas más necesitadas, incluidos los ancianos y aquellos con discapacidades. La situación de aislamiento, oscuridad e incertidumbre afecta negativamente la salud mental y emocional de las comunidades.
El sistema de salud tampoco ha escapado al impacto del conflicto, con más de 2,870 ataques a instalaciones sanitarias que han dejado a trabajadores de salud y pacientes en peligro. Este deterioro en los servicios médicos ha aumentado el número de personas con discapacidad, creando una crisis humanitaria que requiere atención urgente. La resistencia de la población ucraniana, en especial de sus mujeres, se enfrenta a una prueba continua en medio de adversidades inmensas, haciendo un llamado urgente a la comunidad internacional para brindar apoyo y soluciones a esta situación crítica.
