La Fundación de Escuelas Parroquiales, que gestiona una veintena de colegios bajo el Arzobispado de Barcelona, ha experimentado un significativo giro ideológico tras la reciente reestructuración de su patronato. En un movimiento que ha generado preocupación entre los sectores más progresistas de la diócesis, el patronato ha pasado de tener siete miembros mayoritariamente progresistas a 13, muchos de los cuales están afiliados a movimientos ultracatólicos como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y la Asociación Católica de Propagandistas. Este cambio de guardia en la dirección ha suscitado el temor de un viraje conservador en los centros, que son mayoritariamente concertados y sirven a comunidades humildes en Barcelona y sus alrededores.
La transición, aprobada por el Arzobispado y encabezada por la nueva presidenta Montse Durany Pich, ha sido vista por algunas voces cercanas a la fundación como un intento de radicalización religiosa. Estas fuentes creen que la estrategia busca transformar las escuelas diocesanas en modelos de una nueva evangelización, una idea que contrasta con la filosofía precedente de ofrecer un cristianismo propuesto mas no impuesto. Aunque, hasta el momento, en las escuelas no se han observado cambios significativos, existe una percepción palpable de que se aproximan tiempos de mayor énfasis en la enseñanza religiosa, lo que podría impactar la diversidad confesional actual de los alumnos. Este contexto se enmarca en un fenómeno más amplio de movimientos ultracatólicos que buscan consolidar su presencia en la educación concertada en Cataluña.
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