El texto aborda la dualidad entre Morena como partido político y como movimiento, estableciendo un paralelismo con la duplicidad vivida por un personaje de Dostoyevski. Morena nació como un movimiento bajo la dirección de Andrés Manuel López Obrador con un claro objetivo de transformación ética en la vida pública mexicana. Su concepción original lo presentaba como una fuerza crítica y vigilante que, mediante la organización popular, buscaba impulsar una nueva forma de hacer política, con el pueblo como autoridad legítima y la ética como su pilar fundamental. Sin embargo, con el tiempo, el movimiento se institucionalizó como partido político en 2014, lo cual cambió el panorama de su actuación en el escenario nacional.
La evolución de Morena como partido ha traído tensiones inherentes entre su identidad original y las realidades del ejercicio del poder. Bajo el liderazgo de López Obrador, estas discrepancias fueron relativamente controladas, pero el desgaste ha comenzado a mostrar sus efectos. Las críticas internas sobre el oportunismo y la corrupción han aumentado, exacerbadamente tras el apagado del liderazgo fuerte de López Obrador, dejando vulnerabilidades que podrían ser explotadas políticamente. Claudia Sheinbaum, actual líder visible, parece navegar con éxito esta dualidad, manteniendo una alta aprobación personal a pesar de los cuestionamientos al partido. Ella capitaliza esta ambivalencia para avanzar en su agenda política, destacando la estrategia de mantenerse al margen de las corrupciones internas mientras aprovecha su autoridad moral para consolidar su posición en el panorama político. Esta estrategia refleja una conciencia de la necesidad de diferenciarse del desgaste del partido, manteniendo una conexión con las raíces éticas del movimiento original.
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