En un nuevo giro estratégico, Vox ha adoptado una postura firmemente alineada con la retórica populista que caracteriza al trumpismo, argumentando que «la gente no vota a quien no defiende sus intereses». Esta declaración refleja un cambio en el enfoque del partido, que, en un intento por reforzar su base electoral, está recurriendo a un discurso más directo y nacionalista. Este movimiento parece diseñado para capitalizar el descontento de ciertos sectores de la población que se sienten ignorados por las políticas actuales. Sin embargo, esta orientación también ha generado críticas, ya que algunos observadores consideran que podría polarizar aún más el panorama político español y exacerbar divisiones ya existentes.
A pesar de su giro hacia una retórica más radical, Vox ha mostrado una inesperada disposición a colaborar con el Ejecutivo en un tema específico: el reciente «golpe arancelario» que amenaza varios sectores económicos en España. En este contexto, el partido ha tendido la mano al Gobierno para unirse en la defensa de los intereses nacionales en el ámbito internacional. Este gesto, aunque puntual, sugiere que Vox está dispuesto a dejar de lado las diferencias ideológicas cuando se trata de asuntos de soberanía económica. Esta colaboración ofrece un extraño contrapunto a su estrategia populista interna, lo que subraya la complejidad de la política actual, donde las alianzas pragmáticas pueden surgir incluso entre los actores más insospechados.
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