

Un informe reciente del Eurobarómetro revela que las preocupaciones de los ciudadanos europeos en torno a la seguridad y la estabilidad global continúan en aumento en medio de un panorama internacional marcado por conflictos y tensiones geopolíticas. La encuesta, publicada este miércoles, subraya que el 72% de los europeos observa con alarma los conflictos armados y guerras activas en regiones cercanas a la Unión Europea, reflejando un nivel de inquietud que afecta directamente la percepción del futuro del continente.
Dentro de los factores de mayor preocupación, el 67% de los encuestados expresa temor por el terrorismo, mientras que un porcentaje similar, 66%, se muestra preocupado por los desastres naturales agravados por el cambio climático y los ciberataques provenientes de países no pertenecientes a la UE. Estas inquietudes contribuyen a que casi la mitad de los europeos, el 52%, adopten una visión pesimista respecto al futuro del mundo, y también compartan preocupaciones similares sobre el futuro de la propia Unión y de sus países.
A pesar de esa visión sombría, existe un optimismo notable en el ámbito individual: el 76% de los europeos confía en que su propio futuro y el de sus familias serán prósperos y seguros. Sin embargo, esta percepción positiva disminuye entre los jóvenes de 15 a 30 años, en quienes solo la mitad se muestra confiada en el porvenir del mundo, y el 65% en la Unión Europea. En contraste, un alto porcentaje de este grupo, el 80%, tiene una actitud optimista respecto a su propio futuro.
Las amenazas tecnológicas también ocupan un lugar destacado en la agenda de preocupaciones europeas. La desinformación, el discurso de odio en línea y fuera de línea, los contenidos falsos generados por inteligencia artificial y la insuficiente protección de datos son considerados riesgos por un 69% y 68% de los encuestados, respectivamente. Además, un 67% teme por las amenazas que estos riesgos presentan a la libertad de expresión, lo que refleja una inquietud creciente por la seguridad digital y civil en la era tecnológica.
Frente a estos desafíos, la demanda de una mayor acción coordinada por parte de la Unión Europea es unánime. Un 66% de los europeos quiere que la UE asuma un papel más activo en la protección de sus ciudadanos, mientras que un 89% sostiene que los Estados miembros deberían estar más unidos para afrontar los problemas comunes. En línea con ello, una significativa proporción, el 73%, considera que la UE necesita ampliar sus recursos para hacer frente a los desafíos globales actuales.
La percepción sobre el vínculo con el bloque también muestra una tendencia positiva, con un 62% de los ciudadanos creciendo en esa confianza —dos puntos porcentuales más que en la consulta anterior de marzo de 2024. La imagen positiva de la Unión Europea, en particular, está en aumento, alcanzando el 49%, aunque todavía por debajo del respaldo al Parlamento Europeo, que llega al 38%. La prioridad en la agenda de los encuestados se centra en la paz y la seguridad, con el 52% destacando la importancia de que el Parlamento priorice la protección de la paz, así como la defensa de la libertad de expresión y la protección de los derechos humanos en la región y a nivel mundial.
En cuanto a las políticas públicas, los europeos consideran que la UE debe enfocarse especialmente en fortalecer su seguridad y defensa, áreas que preocupan al 40% de los encuestados. La economía, la competitividad y la independencia energética también son prioridades, mencionadas por aproximadamente un tercio de los participantes. En sus preocupaciones a nivel nacional, la inflación, el costo de vida y la creación de empleo se sitúan en primer plano, reflejando las dificultades cotidianas enfrentadas por la población, que también influyen en su percepción de estabilidad y proyección futura.
Todo ello señala un momento de tensión y reflexión para la Unión Europea, que enfrenta la tarea de consolidar su cohesión y afrontar los múltiples desafíos de un escenario internacional cada vez más impredecible y peligroso. La percepción de que la colaboración entre países miembros y una inversión reforzada en recursos son clave para garantizar la estabilidad y la protección de sus ciudadanos se mantiene como un consenso mayoritario en la región.
