En el contexto de las crecientes tensiones entre España y Marruecos, tras la reciente visita del presidente francés Emmanuel Macron a Rabat, se perciben claros indicios de un avance en las exigencias diplomáticas y económicas del país norteafricano hacia España. Durante la visita, Marruecos selló acuerdos sustanciales con Francia por 10.000 millones de euros, subrayando su intención de inclinar la balanza comercial a favor de empresas francesas, como Alstom, que ganó un contrato significativo sobre la competencia española. Esta inclinación de Marruecos se percibe como un desafío directo a la rectificación diplomática que España intenta manejar desde el reconocimiento formal de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, algo que Francia ha aceptado con más entusiasmo.
Por otro lado, Marruecos presiona a España no solo en el ámbito económico sino también en el político, buscando un posicionamiento más favorable por parte del gobierno español en la disputa sobre el Sáhara Occidental. Esta estrategia se complica por la omisión del tema en documentos oficiales del PSOE, mientras el bloqueo de las aduanas de Ceuta y Melilla persiste, señalando la voluntad de Marruecos de no reconocer oficialmente las fronteras terrestres con España. En el trasfondo de esta pugna, la rivalidad más amplia entre Marruecos y Argelia añade un nivel adicional de complejidad, ya que ambos países mantienen posturas diametralmente opuestas sobre el futuro del Sáhara Occidental, agravando las tensiones en la región e influyendo en las dinámicas diplomáticas y económicas de sus vecinos europeos.
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