En Barcelona, el control del tráfico y la implementación de sanciones recae sobre el ayuntamiento, que actualmente dispone de 67 dispositivos para monitorizar la velocidad urbana. Esta cifra se complementa con los radares móviles gestionados por la Guardia Urbana para asegurar una regulación eficiente del tráfico en la ciudad. Recientemente, el consistorio ha detallado la instalación de diversos tipos de radares distribuidos por la urbe: nueve radares de tramo en áreas estratégicas como la Ronda de Dalt y varios túneles importantes, 30 radares fijos ubicados en calles clave como la Avenida Diagonal y la Gran Vía de las Cortes Catalanas, además de 28 radares pedagógicos diseñados para concienciar sobre los límites de velocidad sin sancionar a los conductores.
El objetivo principal de los radares pedagógicos es mostrar la velocidad en tiempo real a través de una pantalla, incentivando una conducción más segura y respetuosa con las normas viales. A diferencia de sus contrapartes fijas y de tramo, no pueden emitir multas, pero cumplen una función crucial en la educación vial al agradecer el respeto por los límites y advertir sobre posibles excesos. Especialmente ubicados en accesos y zonas escolares, buscan fomentar una cultura de prevención y seguridad. Por otro lado, el radar en Avenida Meridiana, que emitió 30,567 multas en 2024, se destaca por la reducción abrupta del límite de velocidad en una zona transitada, lo que subraya su papel esencial en la gestión del tráfico en el entorno urbano.
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