En la última edición de los premios Ig Nobel celebrada en el MIT, diversos estudios científicamente extravagantes han sido reconocidos por sus originales aportaciones. Uno de los más destacados es la investigación del equipo liderado por Ryo Okabe, de la Universidad Médica de Tokio, que sugiere que los mamíferos podrían respirar a través del ano. Este hallazgo, inspirado en la capacidad de ciertos peces para sobrevivir bajo hipoxia mediante mecanismos de respiración intestinal, fue premiado por su osadía. A través de la ventilación enteral, el equipo ha experimentado con éxito en roedores y cerdos, proponiendo que esta técnica podría mejorar la supervivencia en casos de insuficiencia respiratoria sin mayores complicaciones que las de un enema.
Otros estudios premiados incluyen descubrimientos insólitos como la comparación de velocidad entre gusanos sobrios y borrachos, que demostró que los gusanos expuestos al alcohol son más lentos. Del mismo modo, una investigación centroeuropea indicó que el dolor percibido como efecto secundario aumenta la percepción de efectividad en tratamientos ficticios. Además, experimentos agroganaderos en EE.UU. revelaron que asustar a una vaca cada diez segundos afecta más al ordeño que colocar un gato sobre su lomo. Entre las propuestas más pintorescas, destaca la recuperación del “Proyecto Paloma” de la Segunda Guerra Mundial, que intentó usar palomas para guiar misiles, y la consternación sobre la dirección de los rizos de cabello a través de hemisferios, situando la ciencia en un plano tan curioso como inusual.
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