

En el mundo del vino, la diversidad es clave para enfrentar los desafíos del cambio climático y potenciar la industria vitivinícola. Un reciente estudio ha revelado la existencia de 22 variedades de vid en la región, de las cuales nueve ya formaban parte de la Colección de Variedades de Vid en la finca experimental de El Encín, en Alcalá de Henares. Estas variedades, como Benedicto, Cadrete y Verdejo de Salamanca, ya eran conocidas y se encontraban almacenadas, mientras que otras 13 variedades han sido descubiertas, entre ellas Azargón y Botón de Gato.
El estudio iniciado en 2013 busca evaluar el potencial de estas variedades recién encontradas, no solo para diversificar la producción vinícola, sino como respuesta innovadora frente a la sequía. A través de técnicas avanzadas, los investigadores analizan la resistencia de estas vides a condiciones extremas y enfermedades comunes del viñedo, como el mildiu y el oidio.
Un caso particular es el de la planta Hebén, re-descubierta en una huerta privada. El Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) ha solicitado su inclusión en el Registro Nacional de Variedades Vegetales, aspirando a que forme parte de la Denominación de Origen (D.O.) Vinos de Madrid. Actualmente, dicha denominación abarca 5.898 hectáreas y reconoce siete tipos de uva blanca, además de contar con un robusto sector de vinos tintos y rosados.
La Colección de Variedades de Vid en El Encín es la segunda más grande de Europa y alberga alrededor de 3.900 variedades de todo el mundo. Creada en 1950, esta colección ha crecido a través del arduo trabajo de recolección y conservación, recolectando muestras de las principales regiones vitícolas tanto nacionales como internacionales. Su importancia radica no solo en la preservación de un patrimonio genético vital, sino en la apertura de nuevas posibilidades para la industria vinícola en un contexto de cambio climático y de mercado global.
El esfuerzo por descubrir, estudiar y, potencialmente, comercializar estas nuevas variedades podría significar un cambio para los viticultores de la región, brindando oportunidades para enfrentar los retos del sector y promover un vino con identidad, arraigado en la diversidad genética histórica de la zona. La búsqueda de estas variedades no es solo una cuestión de innovación, sino un regreso a las raíces que permitirá revalorar el legado vitivinícola regional bajo una perspectiva moderna y sostenible.
