En 1993, Jacques Derrida introdujo el concepto de «hauntología» para describir la persistencia de ideologías pasadas en el presente, incluso aquellas que no lograron imponerse. Ejemplifica esto con el marxisismo, pero en la cultura actual, especialmente entre las «tumblr girls», el año 2016 se ha convertido en un símbolo recurrente. Internet celebra el 2016 como un período dorado en comparación con la supuesta decadencia del 2026. Esta nostalgia se manifiesta en eventos culturales que aspiran a revivir o reinterpretar ideas del pasado, como demuestra la obra «Maria Magdalena» en el TNC, que busca aplaudir el feminismo pero termina siendo percibida como didáctica y panfletaria.
La tendencia a revisitar 2016 se observa también en propuestas teatrales como «Tallar-se un peu amb una motoserra» de Bárbara Mestanza en la Sala Beckett, que explora los efectos del movimiento Me Too, nacido en aquel año, en el contexto actual. Este fenómeno es reflejo de lo que Mark Fisher, en 2018, describió como una cultura contemporánea atrapada en la nostalgia y la repetición. Fisher subraya la creencia cada vez más ingenua de que la música, y el arte en general, pueden cambiar el mundo. La crítica hacia el teatro actual es que, al igual que otras formas de arte, a menudo peca de ser autocomplaciente y desconectado, entregándose más al gesto simbólico que a la innovación o la provocación auténtica. La percepción es que el teatro, etiquetado convenientemente como feminista, ofrece escaso impacto renovador o crítico más allá de su propia autoafirmación en un mundo que avanza rápidamente.
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