Irán se ha consolidado como una potencia con uno de los mayores arsenales de misiles balísticos en Oriente Próximo, superando los 3.000 proyectiles según estimaciones del Mando Central de Estados Unidos en 2022. A lo largo de la última década, el país ha logrado mejorar significativamente la precisión de estos misiles, lo que representa una preocupación creciente para Occidente y particularmente para Israel, que continúa realizando ataques dirigidos a objetivos militares iraníes. Pese al desprecio del presidente estadounidense Donald Trump sobre la capacidad de alcance de estos misiles hacia EE.UU., Irán sigue sin contar con misiles intercontinentales ni armamento nuclear. Sin embargo, su enfoque ha estado en el fortalecimiento de su respuesta convencional mediante misiles, destacando su actual dependencia de estos artefactos ante la falta de aviones caza modernos, un vacío significativo en sus capacidades defensivas aéreas.
En un esfuerzo por contrarrestar los ataques de sus enemigos, Irán ha desarrollado estratégicamente las denominadas «ciudades de misiles», bases subterráneas resguardadas a gran profundidad que almacenan misiles de largo alcance. A pesar del aislamiento y destrucción de varias de sus lanzaderas móviles y rampas fijas por Israel durante los intensos bombardeos, los arsenales subterráneos permanecen parcialmente operativos, permitiendo a Irán continuar sus amenazas con misiles de largo alcance. La reciente ola de ataques iraníes ha tenido como objetivo países del Golfo aliados de Estados Unidos, incluyendo Israel, al igual que bases estadounidenses, resultando en múltiples bajas significativas. Este conflicto ha evolucionado en una «guerra de salvas», caracterizada por el intercambio interminable de misiles, lo cual refleja un cambio en la concepción tradicional de guerra, donde la acumulación y neutralización de arsenales de misiles eclipsan la conquista territorial como objetivo primario. Mientras tanto, la tensión continúa intensificándose, afectando los precios energéticos globales, con los estrechos de Ormuz como un nuevo escenario de conflicto.
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