En las últimas décadas, la tecnología ha revolucionado multitud de aspectos de la vida cotidiana, desde la llegada de las computadoras hasta la implementación masiva del Wi-Fi. Ahora, la inteligencia artificial (IA) emerge como la herramienta que promete redefinir el futuro de las redes y otros sectores, pasando de ser una teoría intrigante a un componente indispensable en el ámbito empresarial.
En 2014, cuando Mist Systems fue cofundada, la IA despertaba más curiosidad que confianza en los clientes e inversores. Sin embargo, en pocos años, su evolución ha sido impresionante. De un concepto experimental, ha pasado a ser un elemento esencial en la gestión de redes, impactando positivamente en la operativa diaria de empresas y consumidores.
Los clientes han recorrido un camino que va desde la mera curiosidad hasta la adopción activa de la IA. Esta transición, aunque todavía presenta desafíos como saber diferenciar la verdadera IA de avanzadas fórmulas matemáticas, ha propiciado una reducción en las incidencias y un incremento en la satisfacción del usuario.
Ejemplos prácticos de esta transformación son evidentes. En Dartmouth College, un problema de conexión que afectaba al provost durante sus sesiones de Zoom fue resuelto gracias a la IA. El sistema detectó que el inconveniente no radicaba en su oficina, sino en la interferencia generada por el paso de estudiantes. En otro caso, en una oficina de ServiceNow en India, la IA identificó un error de configuración en una VPN que impactaba el rendimiento, algo que hubiera pasado desapercibido con métodos tradicionales.
La influencia de la inteligencia artificial se extiende más allá de las redes. En el sector salud, la IA permite a los médicos dedicar más tiempo a sus pacientes al simplificar la toma de notas. En la educación superior, se perfila como asistente en grandes aulas y ayuda a los estudiantes a seleccionar cursos. En el ámbito agrícola, facilita la identificación de malezas, reduciendo el uso de pesticidas, y en el transporte, empresas como Waymo demuestran la viabilidad de los vehículos autónomos.
Así, la inteligencia artificial se consolida como una herramienta vital, trascendiendo su condición de experimento para integrar nuestras vidas, especialmente en la conectividad y las redes. Este avance promete seguir transformando diversas áreas, impactando positivamente tanto en el mundo empresarial como en la vida de los consumidores.