La reciente ofensiva arancelaria del presidente estadounidense Donald Trump ha tenido un impacto profundo en los lazos comerciales entre Estados Unidos y varios países de Asia, particularmente aquellos que han surgido como alternativas manufactureras a China. Los aranceles, que alcanzan un promedio del 30%, han afectado gravemente a regiones como Vietnam, Camboya, Laos y Tailandia, con tasas que van hasta el 49%. Estos países, que han dependido del comercio con Estados Unidos para sustentar sus economías, ahora enfrentan la amenaza de un retroceso económico significativo. Hanói, que se ha convertido en un gran exportador a Estados Unidos, enfrenta aranceles del 46%, lo que podría alterar el creciente superávit comercial del país. La reacción de las naciones afectadas varía desde la negociación, como en el caso de Vietnam y Tailandia, hasta una preparación frente al desafío, como ha indicado Indonesia respecto a sus impuestos del 32%.
Por otro lado, las naciones más pobres y vulnerables de Asia, como Camboya y Laos, han sido especialmente golpeadas por los gravámenes, en un momento en que ya enfrentan recortes de ayuda humanitaria por parte de la agencia estadounidense USAID. La intención de Washington podría ser contrarrestar la creciente influencia china en la región, donde Pekín ha aumentado su presencia mediante inversiones en infraestructura. Sin embargo, los aranceles también han causado tensión entre aliados tradicionales de Estados Unidos como Japón y Corea del Sur, que se enfrentan a tarifas del 24% y 26% respectivamente. Ambos países han optado por abordar la situación a través de la diplomacia, aunque han expresado serias preocupaciones sobre el impacto en sectores clave, como la industria automotriz. En un contexto de tensiones comerciales, China, Japón y Corea del Sur han retomado el diálogo económico regional, intentando fortalecer sus lazos frente a las barreras comerciales estadounidenses.
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