Este jueves, Argentina vivió una jornada marcada por una huelga general convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT) en protesta contra el proyecto de reforma laboral del Gobierno de Javier Milei. Aunque la actividad en las calles no fue tan intensa como se esperaba, el sector del transporte sufrió interrupciones significativas, incluyendo la paralización del metro y la cancelación de cientos de vuelos que afectaron a más de 30,000 pasajeros. A pesar de que la CGT insistió en una alta adhesión al paro, las movilizaciones no lograron el apoyo masivo habitual, lo que llevó a críticos a señalar una desconexión entre los líderes sindicales y la base trabajadora, reflejada en la escasa concurrencia en las manifestaciones.
El controvertido proyecto de reforma buscaba cambios sustanciales en el mercado laboral argentino, incluyendo la eliminación de ciertos derechos laborales, aunque un punto especialmente criticado sobre la reducción de licencias médicas fue retirado a última hora. A pesar de la oposición, el Congreso logró avanzar en la ratificación de la reforma, que deberá regresar al Senado para su aprobación final. Los detractores, incluyendo sindicatos y activistas de derechos humanos, han manifestado su alarma por lo que consideran un retroceso significativo en derechos laborales adquiridos, advirtiendo que llevarán la reforma ante la Justicia por posibles inconstitucionalidades. Mientras tanto, la lucha en la calle parece estar lejos de concluyendo, con promesas de continuar la resistencia ante lo que muchos consideran una amenaza a las conquistas de los trabajadores.
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