La oposición venezolana, liderada por figuras prominentes como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, ha adoptado una postura de cautela tras las explosiones registradas en Caracas y otros estados del país. Estas detonaciones han sido atribuidas por el gobierno de Nicolás Maduro a Estados Unidos, una afirmación respaldada por la confirmación de un «ataque a gran escala» por parte de la administración de Donald Trump. Sin embargo, la oposición ha optado por no emitir un pronunciamiento oficial sobre estos eventos mientras Trump asegura que Maduro ha sido capturado. Paralelamente, figuras internacionales como el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, han mantenido conversaciones con líderes opositores sobre la situación y su «posible evolución». En medio de esta crisis, Machado, recientemente galardonada con el Nobel de la Paz, ha mantenido su enfoque prudente desde Oslo, reforzando su compromiso con el regreso a Venezuela.
El Gobierno de Maduro ha considerado las explosiones como una agresión militar directa por parte de Estados Unidos, en un contexto de tensiones prolongadas entre el chavismo y la Casa Blanca. En respuesta, Maduro ha declarado un estado de emergencia, llamando a la población a defender al país contra lo que describe como una amenaza imperialista. Desde Oslo, Machado ha moderado su postura inicial de apoyo a la intervención estadounidense, aunque sigue respaldando las medidas adoptadas por Washington para presionar al régimen. Mientras tanto, la organización Foro Penal ha clamado por el respeto a la integridad de los presos políticos, destacando la vulnerabilidad a la que están sometidos. En un mensaje claro, la oposición ha manifestado su determinación de que el 2026 será el año de la libertad para Venezuela, anticipando el fin del mandato de Maduro como inevitable.
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