
El reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), titulado «Tendencias sociales y del empleo en 2026», revela un panorama laboral global marcado por retos significativos y un cierto estancamiento en la mejora de las condiciones de trabajo. Según Gilbert F. Houngbo, director de la OIT, la tarea de recuperar el progreso es desalentadora en un contexto donde el empleo informal y la inestabilidad en el mercado laboral son predominantes. A pesar de una disminución del 3,1% en la pobreza extrema entre los trabajadores de 2015 a 2025, la cifra de empleados en situaciones de informalidad podría alcanzar los 2.100 millones para 2026. La transición hacia sectores con mayor productividad se ha frenado, lo que obstaculiza la creación de empleos de calidad, y la inteligencia artificial se perfila como una amenaza para las oportunidades laborales de los jóvenes, especialmente aquellos con educación avanzada.
A pesar del contexto global adverso y el incremento de políticas proteccionistas, como los aranceles de Estados Unidos, los mercados laborales muestran resiliencia en cuanto al volumen de empleo. Sin embargo, la calidad del empleo sigue siendo una preocupación crítica para la OIT, que prevé un crecimiento modesto del 1% para 2026, ligeramente por debajo del promedio de la década anterior. Además, factores como el envejecimiento de la población y las desigualdades de género en el acceso al empleo continúan siendo desafíos persistentes. En términos salariales, el informe destaca que el poder adquisitivo no se ha recuperado del impacto inflacionista de la guerra en Ucrania, con los salarios reales manteniéndose por debajo de los niveles anteriores a la pandemia. La OIT concluye que, a pesar de la estabilidad relativa de las tasas de desempleo a nivel mundial, los déficits en trabajo decente no muestran mejoras significativas, y el futuro podría ver un aumento en el empleo de mala calidad.
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