La noche del miércoles en el Teatro Real fue un homenaje vibrante a la rica tradición de la jota aragonesa, uniendo a cerca de 2.000 espectadores en una celebración folclórica sin precedentes. En un evento que destacó tanto por la calidad de las interpretaciones como por la emotividad que envolvió el recinto, el final con el clamoroso «¡Viva la jota!, ¡Viva Aragón!» resultó ser un desenlace apoteósico. La gala, bajo la batuta de Julio Bellido y Lorena Margalló, no solo conmovió al público sino que también elevó el arte de la jota a nuevas alturas, en un escenario legendario donde antiguamente Plácido Domingo conquistó su propia ovación histórica. Desde la recreación de la pionera «Fiesta de la Jota» de 1894 hasta las innovaciones contemporáneas, el espectáculo fue una fusión perfecta de tradición y modernidad.
Los artistas imprimieron momentos mágicos e inolvidables, como la interpretación de «S’ha feito de nuei» por Inés Martínez Fabre o el dúo de Roberto Ciria y Nacho del Río con «Pisando la nieve fría». La emotividad continuó con un sincero homenaje al coreógrafo Pedro Azorín, destacado maestro de la jota en Madrid, mientras que la dirección musical de Sergio Aso mantuvo un equilibrio sublime entre tradición y originalidad. La gala no solo celebró el pasado y presente de la jota aragonesa, sino que miró hacia su futuro, alineándose con los esfuerzos para que esta forma de arte sea reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Al cierre, las palabras de Lorena Margalló resonaron con fuerza: «La jota ha trascendido y, lo más importante, va a trascender aún más», encapsulando una noche donde cultura, emoción y orgullo se entrelazaron firmemente.
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