En los últimos meses, Colombia ha emergido como un escenario de interés creciente para la mafia italiana, particularmente en lo referente al tráfico de drogas. La presencia de organizaciones como la Camorra y la ‘Ndrangheta ha salido a la luz con la captura de varios de sus miembros en suelo colombiano, incluyendo a Emanuele Gregorini, alias «Dollarino», buscado internacionalmente y recientemente detenido en Cartagena. Este fenómeno no solo evidencia la participación directa de las mafias italianas en el narcotráfico desde el mayor productor de cocaína del mundo, sino también su colaboración con agrupaciones locales como el Clan del Golfo. La estrategia es clara: reducir intermediarios para disminuir costos operativos y asegurar un producto de alta calidad, aprovechando las rutas hacia Europa y más allá.
La cooperación entre mafias extranjeras y bandas locales no es un fenómeno nuevo, pero sí ha evolucionado. Expertos indican que las organizaciones criminales italianas han pasado de negociar mediante cárteles colombianos en el siglo pasado a establecer enlaces más directos a partir del desmantelamiento de esos grupos. Con una producción en crecimiento de cocaína en Colombia y una creciente demanda a nivel global, especialmente en Europa, Asia, Oceanía y África, las redes criminales siguen viendo a Colombia como un eslabón crítico. Las recientes capturas han sido celebradas como triunfos por las autoridades colombianas, quienes, en conjunto con organismos internacionales, continúan su lucha contra esta expansión transnacional del narcotráfico, en un periodo donde el país enfrenta posibles sanciones y una revisión de su estatus como aliado contra el narcotráfico por parte de Estados Unidos.
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