
La temporada actual de Fórmula 1 ha estado marcada por un cambio significativo en el reglamento, que ha generado divisiones entre las escuderías. Mercedes, respaldada por las victorias en los grandes premios de Australia y China, ha aplaudido el nuevo marco normativo, mientras que Red Bull, con Max Verstappen al frente, ha criticado la transformación del deporte en un enfoque más centrado en la gestión que en la velocidad pura. La transición ha sido beneficiosa para algunos pilotos, como Lewis Hamilton, que se mantiene competitivo aunque detrás de su compañero de equipo George Russell, el líder del campeonato. Los ajustes han dejado a pilotos como Lando Norris enfrentándose a nuevas dificultades para defender su título, en un contexto donde Ferrari con Charles Leclerc también busca recuperar protagonismo.
En respuesta a estas tensiones, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) ha implementado una medida de emergencia en el Gran Premio de Japón para intentar devolver a la Fórmula 1 la velocidad característica que, según muchos, se ha diluido con las nuevas reglas. La intervención consiste en limitar la cantidad de energía que los motores pueden recuperar durante la vuelta rápida, reduciendo el tiempo en que los monoplazas emplean el modo «super clipping». Esta modificación, aunque impactante para algunos equipos, no ha alterado el dominio de Mercedes, que ha vuelto a ocupar las posiciones de privilegio en Japón, con Kimi Antonelli adjudicándose su segunda pole consecutiva. No obstante, esta decisión extraordinaria de la FIA refleja un intento de equilibrar el espectáculo sin alterar drásticamente el calendario de carreras, en un contexto de cancelaciones recientes de los grandes premios de Baréin y Arabia Saudí.
Leer noticia completa en El Pais.
