La política migratoria restrictiva implementada por la Administración de Donald Trump ha tenido un impacto notable en el crecimiento demográfico de Estados Unidos, que en 2025 se incrementó apenas un 0,5%, según datos de la Oficina del Censo. Este aumento es la mitad del registrado en 2024, cuando se experimentó el mayor crecimiento desde 2001, impulsado principalmente por la inmigración. Sin embargo, el endurecimiento de las medidas fronterizas y el impulso a las deportaciones han llevado a una reducción drástica en la migración internacional neta, que pasó de 2,7 millones de personas a 1,3 millones entre julio de 2024 y junio de 2025. Estabilizados los nacimientos y defunciones, la disminución en la cantidad de migrantes se posiciona como la principal causa de esta desaceleración, afectando a casi todos los estados del país, excepto Montana y Virginia Occidental.
Las consecuencias de esta política se extienden más allá de las cifras demográficas, alcanzando sectores económicos cruciales que dependen de la mano de obra migrante, como la ganadería, la agricultura, la construcción y la hostelería. Las operaciones de control migratorio, caracterizadas por su brutalidad, han suscitado un clima de miedo entre los migrantes, quienes temen salir a trabajar, intensificando así la escasez de mano de obra. Este impacto ha llevado a numerosos empresarios a demandar al Congreso la regularización de migrantes indocumentados. En contraste, expertos subrayan la necesidad de reconocer el papel esencial de los inmigrantes para el crecimiento del país, señalando que se requerirían acuerdos políticos valientes para revertir esta situación. El retraso en la publicación de las estimaciones de población, afectado por el cierre del Gobierno federal, refleja también las dificultades internas de la Oficina del Censo, que ha sufrido una significativa reducción de personal.
Leer noticia completa en El Pais.
