El secretario de Estado de los Estados Unidos ha intensificado sus esfuerzos para debilitar al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela con el objetivo de afectar también a su aliado cercano, Cuba. Según fuentes cercanas a la administración, la estrategia busca socavar el apoyo vital que Caracas brinda a La Habana, a través de diversas medidas diplomáticas y económicas. Estas acciones se enmarcan en una serie de sanciones y presiones internacionales coordinadas, dirigidas a asfixiar la economía venezolana, ya debilitada por la crisis interna y la pandemia. En consecuencia, Washington espera provocar un cambio de gobierno que desestabilice el eje Caracas-La Habana, considerado un bastión del socialismo en América Latina.
El enfoque en Venezuela está particularmente motivado por la creencia de que una caída de Maduro desencadenaría cambios significativos en Cuba, que depende en gran medida del petróleo y otras asistencias económicas de Venezuela. Fuentes oficiales indican que esta estrategia está diseñando no solo para aislar a Maduro, sino también para cortar el suministro de recursos hacia Cuba, lo que podría promover un movimiento de reformas en el país caribeño. Las acciones del secretario de Estado han sido consideradas por algunos como una nueva fase de la ya extensa política estadounidense para enfrentar a regímenes considerados hostiles en la región, a pesar de las críticas que prevén que dichas acciones podrían incrementar las tensiones en un área geopolíticamente sensible.
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