En las carreteras españolas, la presencia de árboles con troncos pintados de blanco ha sido un elemento característico que ha ido desapareciendo en los últimos años, una transformación impulsada por la necesidad de aumentar la seguridad vial. Históricamente, estos árboles, que datan de la época de la invasión francesa, servían para proporcionar sombra y refugio a animales de carga. Sin embargo, su función ha cambiado drásticamente debido a los riesgos asociados a su colocación, que han motivado la revisión de las normativas de seguridad en las vías.
Los peligros que representan los árboles a la hora de conducir han llevado a las autoridades a limitar su plantación cerca de las carreteras. Estos impedían una visibilidad adecuada, especialmente en curvas, y aumentaban el riesgo de accidentes graves al chocar a alta velocidad. Además, las raíces de los árboles causaban elevaciones en el asfalto, creando desniveles peligrosos que podían generar charcos o hielo. En respuesta, la normativa actual exige que los árboles se planten a más de tres metros de la carretera, promoviendo así el uso de plantas menos riesgosas, como adelfas o arbustos, en busca de una mejor seguridad en las vías.
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