

En los últimos años, el panorama laboral y de salud en España ha evidenciado una estrecha relación entre la economía, las condiciones de empleo y el comportamiento de las bajas médicas. Según un reciente informe de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), las estadísticas muestran un patrón procíclico en la incidencia de la incapacidad temporal (IT), que tiende a crecer en periodos de expansión económica y a disminuir en recesiones.
Durante 2017 a 2024, la incidencia de la IT por contingencias comunes se incrementó en un 58,4%, pasando de 21,4 a 33,9 casos por cada 1.000 afiliados. Este aumento coincide con una recuperación económica sostenida y con cambios legislativos que han reforzado la seguridad laboral de los trabajadores. La relación es clara: a mayor estabilidad y crecimiento del empleo, mayor es también la utilización de las bajas médicas.
El análisis muestra que, en tiempos de crisis, como ocurrió entre 2008 y 2013, la incidencia de estas bajas se contrajo notablemente. Este fenómeno se atribuye al temor de perder el empleo, que disuade a los trabajadores de ausentarse por enfermedad aunque estén en condiciones de hacerlo. En épocas de bonanza, en cambio, la confianza en la estabilidad laboral aumenta, y con ella, la tendencia a acogerse a las prestaciones por incapacidad temporal.
Este patrón se ha visto reforzado por reformas normativas recientes. La modificación del mercado laboral en 2021, que eliminó contratos temporales en favor de estabilidad laboral mediante contratos indefinidos, tuvo efectos inmediatos. La probabilidad de iniciar un episodio de IT aumentó en aproximadamente un 30%, y el porcentaje de días en IT respecto a los días trabajados creció un 62%. La explicación radica en que los contratos indefinidos generan mayor seguridad, haciendo que los empleados estén más dispuestos a solicitar bajas cuando la salud se lo requiere, sin síntomas de temor al despido.
Por otro lado, la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en 2019, que elevó la base salarial en un 22,3%, no mostró efectos estadísticamente relevantes en la incidencia de bajas médicas. Aunque en principio se temía que un mayor respaldo económico incrementaría la uso de las prestaciones, los datos sugieren que otros factores, como la normativa laboral y la percepción de estabilidad, tienen mayor peso en la decisión de solicitar bajas.
Asimismo, la incorporación del Real Decreto 956/2018, que aumentó las retribuciones en caso de IT para empleados públicos, resultó en un incremento del 40% en la probabilidad de iniciar bajas, acompañado de una reducción del 30% en la duración media de estas. Esto refleja cómo la generosidad en las prestaciones puede incentivar la solicitud de bajas, aunque también puede acortar las periodos de recuperación.
La Airef advierte que, además del ciclo económico y las reformas, variables como la edad, género, sector laboral, tamaño de la empresa y antecedentes previos influyen en las patrones de baja. Sin embargo, el desempleo y las características individuales son los factores que mejor explican la variabilidad en la incidencia de IT. En 2024, los modelos predictivos indicaban un 11% menos de bajas de las que realmente ocurrieron, sugiriendo que aspectos no cuantificados, como la presión sobre los servicios sanitarios y la salud pública, también juegan un papel importante.
El incremento en la demanda de atención primaria y las listas de espera crecientes, particularmente en patologías como trastornos mentales y enfermedades musculoesqueléticas, parecen estar impulsando un aumento en la duración y frecuencia de las bajas en los últimos años. Esto sugiere que, más allá de los factores económicos y legislativos, las condiciones de salud pública y el sistema sanitario tienen un impacto significativo en el comportamiento de las bajas médicas.
En resumen, la relación entre economía, legislación laboral y salud en España revela un sistema sensible a las condiciones externas, donde la percepción de estabilidad y respaldo económico propicia una mayor utilización de las bajas médicas, mientras que las crisis económicas las recortan. La tendencia pone en evidencia la necesidad de políticas integrales que consideren no solo la fertilidad del mercado laboral, sino también la salud pública y la protección social, para gestionar de manera más efectiva el impacto de las bajas médicas en la economía y el bienestar de los trabajadores.
