
Esta madrugada, Estados Unidos llevó a cabo un bombardeo en Caracas, informa el expresidente Donald Trump, quien anunció la captura y extradición del mandatario venezolano Nicolás Maduro. Este evento marca la primera intervención militar directa de EE. UU. en una capital latinoamericana desde 1989, evocando sombras de la Doctrina Monroe y generando serias preguntas sobre las normas del orden internacional. El bombardeo, justificado oficialmente como una lucha contra el narcotráfico, representa una peligrosa ruptura con la tradición diplomática y pone en evidencia un cambio en la política exterior estadounidense, donde ya no se finge una adhesión a las reglas internacionales, sino que se enfatiza un control civilizatorio y un retorno a prácticas de poder sin restricciones basadas en la fuerza.
Las reacciones internacionales han sido variadas. España se ha ofrecido como mediador mientras aboga por la desescalada y el respeto al derecho internacional, sin apuntar a los infractores. Europa, en un tanto ambiguo comunicado, apela al respeto de los principios internacionales sin condenar claramente el ataque. Estas respuestas dejan entrever una cierta resignación y pragmatismo, dados los intereses geopolíticos más amplios, como la dependencia europea de EE. UU. frente al conflicto en Ucrania. La situación evidencia un declive en la legitimidad de la hegemonía estadounidense, que ahora se sostiene únicamente en su capacidad de imponer daño. Esto no solo representa un retroceso en las relaciones internacionales, sino que sugiere un futuro donde las normas universales son reemplazadas por zonas de influencia y el poder se ejerce sin las pretensiones de justicia o respeto mutuo.
Leer noticia completa en El Pais.
