
En la cumbre climática que se lleva a cabo en Belém, Brasil, las negociaciones se han intensificado con la presentación de un nuevo borrador por parte del anfitrión brasileño, André Corrêa do Lago. Este borrador, que se espera sea aprobado este sábado, ha generado controversia al omitir una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles, propuesta inicialmente por el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. A pesar de las largas negociaciones nocturnas y la presión de varios países, la Unión Europea ha decidido no vetar el texto final, a pesar de su carácter descafeinado. El bloqueo principal proviene de naciones altamente dependientes de estos recursos, resistiéndose a dejar de lado el petróleo, el carbón y el gas, mientras que un grupo considerable de países, incluidos España, Colombia, Francia, Alemania, el Reino Unido y Chile, ha mostrado su apoyo al plan, aunque la Unión Europea no se ha pronunciado de forma unificada.
En los 30 años de conversaciones sobre el cambio climático, las menciones explícitas a los combustibles fósiles han sido escasas, con un breve reconocimiento en el texto final de la conferencia de Dubái en 2023, gracias al apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea. Sin embargo, en esta ocasión, aunque el texto final de Belém hace referencia al «Consenso de los Emiratos Árabes Unidos» y establece un «Acelerador Global de Implementación» voluntario, no menciona directamente a los combustibles fósiles. Este enfoque ha generado descontento entre algunos participantes, como expresó Sara Aagesen, la ministra española para la Transición Ecológica, quien lamentó la omisión pero señaló que al menos «no se ha retrocedido». Las discrepancias sobre este tema reflejan las complejidades del consenso en las conversaciones climáticas de la ONU, donde cualquier país participante puede frenar un acuerdo, y donde Arabia Saudí y otros petroestados como China y Rusia han jugado un papel clave en evitar que las referencias a los combustibles fósiles avancen.
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