

La Comisión Europea apura hoy, 3 de febrero de 2026, el plazo de su convocatoria de datos sobre “ecosistemas digitales abiertos europeos”, un proceso de participación pública con el que Bruselas busca recoger aportaciones de ciudadanos, empresas, administraciones y organizaciones sobre el papel del software de código abierto en la infraestructura digital del continente.
Aunque el título puede sonar técnico, el debate aterriza en una pregunta muy concreta: hasta qué punto Europa quiere depender de tecnologías que no puede auditar ni adaptar —y qué medidas reales pueden acelerar alternativas abiertas, sostenibles y competitivas dentro de la UE. La convocatoria forma parte del marco “Díganos lo que piensa” y sus aportaciones pueden influir en futuras orientaciones políticas y recomendaciones para impulsar un ecosistema digital europeo más resiliente.
La Comisión está recabando evidencias, ejemplos y propuestas sobre cómo fortalecer en Europa un entorno donde las piezas clave de la vida digital —servidores, plataformas cloud, herramientas de ciberseguridad, sistemas de datos, componentes para Internet, e incluso hardware abierto— puedan desarrollarse y mantenerse con garantías a largo plazo.
En la práctica, el interés no es únicamente “usar software gratuito”, sino evitar dependencias estructurales: cuando una tecnología es crítica (para la administración, la sanidad, la industria o los servicios digitales), un cambio de licencia, una decisión comercial o una restricción externa puede convertirse en un riesgo operativo y económico.
En este contexto, David Carrero, cofundador de Stackscale (Grupo Aire), defiende que el código abierto “no es una bandera ideológica, sino una forma práctica de preservar la libertad de operar”. En su opinión, la sociedad avanza más rápido cuando la tecnología puede inspeccionarse, mejorarse y reutilizarse, y cuando las organizaciones no quedan atrapadas en una única hoja de ruta marcada por terceros.
Carrero subraya que, en el día a día, esa libertad se traduce en decisiones muy concretas: virtualización con Proxmox, servicios web con Nginx y sistemas basados en Linux, entre otras piezas que permiten construir infraestructuras escalables sin depender de una única caja negra. “El valor está en poder auditar, adaptar y evolucionar el stack”, apunta, especialmente en sectores donde la continuidad de servicio y la seguridad no son opcionales.
También recuerda un fenómeno que muchas empresas europeas han vivido en los últimos años: la incertidumbre cuando un proveedor cambia condiciones o precios. Sin entrar en casos concretos, el mensaje es claro: si tu infraestructura crítica depende de una decisión corporativa ajena, tu margen de maniobra se reduce.
Uno de los aspectos más interesantes de esta convocatoria es que no hace falta ser desarrollador para contribuir con ideas útiles. Algunos enfoques que suelen tener impacto en consultas de este tipo:
El proceso se realiza en el portal oficial de participación de la Comisión (“Díganos lo que piensa”), dentro de la iniciativa sobre “ecosistemas digitales abiertos europeos”. En general, el flujo es sencillo:
Conviene tener en cuenta dos detalles: los comentarios suelen publicarse (conforme a las normas de participación) 090166e527cc1e60ones en distintas lenguas oficiales de la UE.
Las conclusiones que salgan de este tipo de consultas suelen terminar aterrizando —antes o después— en decisiones con impacto real: criterios de compra en administraciones, programas de financiación, guías de interoperabilidad, exigencias de transparencia en software crítico o iniciativas para impulsar proveedores locales. Dicho de forma llana: si Europa quiere reducir dependencia tecnológica, tiene que tocar palancas concretas, y esta consulta es una oportunidad para que el tejido empresarial y la ciudadanía digan cuáles funcionan y cuáles no.
Es una convocatoria de aportaciones públicas para recoger evidencias y propuestas sobre cómo fortalecer el uso y la sostenibilidad del software de código abierto y tecnologías abiertas en la infraestructura digital europea.
Puede participar cualquier ciudadano, empresa, administración u organización con una aportación razonada: experiencias reales, barreras encontradas, propuestas de políticas públicas o ejemplos de buenas prácticas.
Las más valiosas suelen ser las que aterrizan en medidas accionables: contratación pública basada en estándares, financiación del mantenimiento de proyectos críticos, reutilización del software desarrollado con fondos públicos y refuerzo de la seguridad de la cadena de suministro.
Porque permite auditar y adaptar la tecnología, reduce la dependencia de un único proveedor y facilita que empresas y administraciones mantengan control sobre su infraestructura y sus datos, especialmente en servicios críticos.
